El "Antes": Cansado de esconderme
Tengo 34 años, pero desde los 26 dejé de sentirme joven. Al principio, era solo "frente amplia". Luego, la coronilla se empezó a clarear. Intenté de todo: shampoos con cafeína, minoxidil (que me dejaba el pelo grasoso) y fibras capilares.
Las fibras eran lo peor. Vivía con pánico a que alguien me tocara la cabeza o a que lloviera. Me sentía un impostor. Llegó un punto en el que decidí raparme con rastrillo. ¿El problema? Me veía enfermo. Mi piel era muy blanca y se notaba perfectamente la "herradura" de pelo a los lados. Me veía 10 años mayor que mis amigos.
La Decisión: El miedo al "Efecto Lego"
Investigué sobre la Micropigmentación (SMP) en Instagram, pero tenía terror. Había visto fotos de terror en internet: cabezas azules, líneas frontales que parecían pintadas con plumón, cascos de Lego...
Un día encontré a Gascalp. Vi sus videos en Facebook, vi la textura, vi que no eran líneas rectas, sino puntos difusos. Pedí la valoración por WhatsApp con las manos sudando. Me mandaron un diseño digital de cómo me vería. Le enseñé la foto a mi esposa y me dijo: "¿Qué esperas? Hazlo ya".
Sesión 1: Rompiendo el hielo
Llegué a la clínica nervioso. ¿Dolerá? ¿Me arrepentiré? El especialista me explicó todo: "Hoy solo haremos la base, algo muy suave para que te acostumbres". ¿El dolor? Sinceramente, del 1 al 10, fue un 3. Molestaba un poco, pero estuve platicando todo el tiempo. Al terminar y verme al espejo, ya no veía la calva brillante. Se veía una sombra sutil. Esa noche, por primera vez en años, cené sin gorra.